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Antiguo Cáliz de Estilo Romano en Plata Dorada y Patena. Francia, 1932

Cáliz antiguo romano en plata dorada con patena. Francia, 1932. Grabado, punzonado y con estuche original. Hermosa pieza de colección litúrgica.

1 700,00 €impuestos inc.

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Antiguo Cáliz de Estilo Romano en Plata Dorada con Patena. Francia, 1932

Este magnífico cáliz antiguo realizado en Francia por el orfebre Amédée Cateland, sucesor del famoso orfebre Armand Caillat, y fechado en la base en el año 1932, destaca por su bellísimo estilo romano, con líneas sólidas y copa ancha que evocan la sobriedad y la fuerza del culto litúrgico tradicional. El conjunto está completamente elaborado en plata dorada, tanto el cáliz como la patena, y se conserva en excelente estado, dentro de su estuche original forrado en terciopelo rojo y seda.

El cáliz presenta una decoración sobria pero profundamente simbólica. En la base, sobre un fondo liso muy pulido, encontramos un delicado friso de vides grabadas que circunda todo el perímetro. Las hojas de parra y racimos de uvas hacen clara alusión al vino eucarístico. Sobre esta decoración, y como elemento central, aparece grabada una cruz rústica formada por dos troncos entrecruzados, una imagen que evoca la madera del Calvario, humilde y poderosa a la vez.

El nudo, de forma clásica y bien proporcionado, lleva una inscripción en latín grabada: “ET MARIA JUXTA STABAT”, que significa “Y María estaba junto” o “Y María estaba de pie junto”. Esta frase procede del Evangelio según San Juan (19, 25), donde se narra que la Virgen María estuvo firme junto a la cruz de su Hijo. Esta inscripción es especialmente significativa y añade un profundo valor espiritual a la pieza.

En el interior de la base del cáliz hay una inscripción grabada que indica: “PAUL AMIAND, 15 JUILLET 1932”, posiblemente el nombre del propietario original o del sacerdote para quien fue fabricado. También encontramos una pequeña plaquita de orfebre, en el mismo interior de la base, que reza: “AMÉDÉE CATELAND ORF., SUCCESSEUR D’ARMAND CALLIAT, LYON”, lo que añade una capa de interés histórico, ya que Armand Calliat fue uno de los más reconocidos orfebres litúrgicos franceses del siglo XIX, y su taller fue continuado por Cateland en Lyon con la misma excelencia artesanal.

La patena que acompaña al cáliz también está realizada en plata dorada, con un bellísimo motivo del Cordero Místico en el centro, irradiando rayos de gloria. Lleva contrastes visibles en el borde, al igual que el cáliz, que también tiene punzones visibles en la base y el borde superior de la copa. Todo el conjunto está armoniosamente conservado y presenta solamente ligeras señales de uso propias de su edad, que no hacen más que confirmar su autenticidad y su uso real en la liturgia.

Este conjunto es ideal para un sacerdote en ejercicio, alguien que va a ordenarse, o para ser reintroducido con solemnidad en una parroquia, donde podrá continuar su vida al servicio de la fe.

Medidas: Cáliz: 18,2 cm (7,17 in) alto, 11 cm (4,33 in) diámetro de la copa, 14,2 cm (5,6 in) base. Patena: 15,5 cm (6,1 in).

Peso total: 616 g (Cáliz 541 g, Patena 175 g).

Historia de Amédée Cateland

Amédée Cateland fue un destacado orfebre litúrgico de Lyon, Francia, activo durante la primera mitad del siglo XX. Su taller continuó la obra del célebre orfebre Armand Calliat, uno de los más importantes fabricantes de objetos litúrgicos de Europa durante el siglo XIX. Calliat fue conocido por su maestría en el diseño de cálices, custodias, relicarios y otros objetos sagrados, muchos de ellos destinados a catedrales, iglesias y al propio Vaticano. Tras su fallecimiento, Amédée Cateland asumió la dirección del taller y supo mantener el altísimo nivel de calidad artística y técnica. Las piezas producidas por Cateland se caracterizan por su elegancia sobria, el refinamiento en los detalles simbólicos y la precisión de su ejecución. Su nombre, junto al de Calliat, se asocia a una de las tradiciones más nobles de la orfebrería litúrgica francesa. Hoy en día, los cálices firmados por Cateland son muy valorados tanto por coleccionistas como por parroquias e instituciones religiosas que buscan piezas de gran contenido espiritual e histórico. Este cáliz de 1932 es una de esas obras que conserva la esencia de la liturgia tradicional y la artesanía sacra de una época excepcional.

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