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Custodia francesa del siglo XIX en plata dorada. 71 cm de altura, estilo barroco, ricamente decorada con querubines, uvas, espigas y rostros sagrados.
Custodia francesa del siglo XIX en plata dorada. 71 cm de altura, estilo barroco, ricamente decorada con querubines, uvas, espigas y rostros sagrados.
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Antigua Custodia de Plata Dorada. Completa. 71 cms. Francia, siglo XIX
Presentamos esta magnífica y solemne custodia antigua de plata dorada, realizada en Francia durante el siglo XIX. Una pieza verdaderamente espectacular que destaca tanto por su gran tamaño como por la exquisita riqueza decorativa en cada uno de sus elementos. Con una imponente altura de 71 centímetros y un peso considerable de 1560 gramos, esta obra maestra del arte sacro está íntegramente elaborada en plata finamente dorada, lo que le confiere una luminosidad cálida y majestuosa.
El estilo es claramente barroco, exuberante, teatral y profundamente simbólico. El ostensorio o "sol", que mide 34 cm de diámetro, irradia energía y espiritualidad. Desde su centro circular emergen vigorosos rayos rectos y flameados que evocan la luz divina, mientras que en su núcleo destaca una impresionante escena de mascarones de querubines que surgen entre las nubes, sosteniendo con ternura el viril o luneta, que conserva en perfecto estado. Esta luneta es totalmente funcional y puede alojar hostias de hasta 5,5 cm de diámetro, un dato importante para su uso litúrgico actual.
El tallo central, que une el sol a la base, está profusamente decorado con motivos eucarísticos: racimos de uvas y hojas de vid, todos cuidadosamente moldeados y repujados en la plata. En el centro del nudo floral aparece el delicado rostro de un querubín alado, símbolo de pureza y adoración. Este diseño refuerza la iconografía eucarística con una clara intención catequética, enseñando y conmoviéndonos a través de su forma.
La base, de forma troncopiramidal con soportes en garras apoyadas sobre racimos de uvas y hojas de vid, completa el conjunto con una impresionante decoración repujada. Cada lado presenta un medallón: en uno, el rostro sereno y majestuoso de Jesucristo; en el opuesto, el dulce y recogido rostro de la Virgen María. Entre ellos, se despliega un repertorio ornamental vegetal y simbólico, trabajado con una meticulosidad extraordinaria. Las pequeñas cabezas de ángeles, las volutas, los roleos vegetales y los racimos de uvas parecen salir de la superficie, dotando a la custodia de una tridimensionalidad fascinante.
La cruz que corona el conjunto está ricamente cincelada, con florones de diseño vegetal en los extremos. Se alza como colofón perfecto de esta custodia, prolongando verticalmente el gesto de adoración y elevación que transmite la pieza en su totalidad.
En el examen de la custodia he podido localizar dos contrastes: uno en la propia cruz y otro entre los rayos del sol. Ambos confirman su ejecución en plata. Estoy convencido de que debe haber al menos un tercer contraste en la base, pero entre tanta decoración es como buscar a Wally: aún no he logrado encontrarlo, aunque seguramente está ahí, camuflado entre tanta filigrana repujada.
El estado de conservación es muy bueno, sin faltantes, con todas sus partes originales y la doradura en excelente estado. Las mínimas señales del paso del tiempo no solo no restan belleza, sino que aportan autenticidad y carácter. Una pieza de gran valor artístico y devocional, perfecta para ser reintroducida en la Iglesia y volver a estar al servicio del culto en una parroquia, especialmente en celebraciones de exposición del Santísimo Sacramento.
Esta pieza no solo es un objeto de liturgia excepcional, sino también una obra de arte sacro digna de museo. Por sus dimensiones, calidad de ejecución, materiales y estado, es sin duda una magnífica inversión para coleccionistas, anticuarios o instituciones religiosas que valoran la tradición y la belleza.
Ideal para devolverla al uso litúrgico y colocarla en un lugar de honor dentro de una iglesia o capilla.
¡Una oportunidad única de adquirir una joya del arte sacro barroco francés del siglo XIX!
Medidas: 71 cms ((27,95 in) de alto. El sol de 34 cms (13.39 in.) de ancho. La base de 20 x 16 cm (7,87 x 6,3 in). Peso: 1560 grs.
Historia de la Custodia:
La custodia, también conocida como ostensorio, es un objeto litúrgico que se utiliza en la Iglesia Católica para la exposición del Santísimo Sacramento. Su desarrollo formal comenzó en la Edad Media, pero fue durante los siglos XVII y XVIII, en pleno auge del arte barroco, cuando alcanzó su forma más majestuosa y teatral, cargada de simbolismo visual y espiritual.
Durante el siglo XIX, Francia vivió un importante renacer de la liturgia y la producción de objetos sacros, como parte del movimiento neogótico y neobarroco que buscaba restaurar la solemnidad y la belleza de los ritos católicos tradicionales tras las convulsiones de la Revolución. Las custodias fabricadas en esta época combinaban la técnica orfebre heredada del Antiguo Régimen con la iconografía rica y emocional del barroco, dando lugar a piezas como la que aquí se presenta.
La simbología presente en esta custodia es profundamente eucarística: los rayos solares que irradian del viril representan a Cristo como luz del mundo, los racimos de uva y hojas de vid aluden al vino consagrado, y los ángeles que custodian el viril evocan la adoración celeste perpetua al Santísimo Sacramento. El uso de la plata dorada no es casual: refleja la tradición de emplear los materiales más nobles para contener lo sagrado, siguiendo la herencia bíblica del Arca de la Alianza.
Este tipo de custodias eran comúnmente utilizadas en procesiones del Corpus Christi, adoraciones eucarísticas y otras ceremonias solemnes. Su presencia en el altar reforzaba visualmente la centralidad de la Eucaristía en la vida cristiana. Muchas de ellas, como esta, fueron realizadas por orfebres altamente especializados que colaboraban con talleres religiosos y parroquias de toda Francia.
Hoy en día, custodias como esta son codiciadas por coleccionistas, anticuaristas litúrgicos y comunidades religiosas por igual, no solo por su uso litúrgico, sino también como testimonios materiales de la fe y el arte de épocas pasadas.